
El semolín es un tipo de harina gruesa que se obtiene del trigo duro, un cereal que se caracteriza por su alto contenido en gluten y su resistencia a la cocción. El semolín se usa principalmente para elaborar pastas, como fideos, ravioles o ñoquis, ya que les aporta elasticidad y firmeza.
Pero el semolín no solo sirve para hacer pastas. También tiene otros usos en la cocina que quizás no conozcas y que te pueden sorprender. Aquí te contamos algunos de ellos:
- Para hacer panes y pizzas: el semolín le da a las masas un toque crujiente y dorado por fuera, y tierno y esponjoso por dentro. Puedes usarlo solo o mezclado con harina de trigo común para obtener diferentes resultados.
- Para hacer cereales: el semolín se puede cocinar con leche, agua o caldo para obtener una papilla o crema suave y nutritiva. Puedes añadirle frutos secos, miel, fruta o especias para darle más sabor y variedad.
- Para espesar guisos y salsas: el semolín tiene la capacidad de absorber líquidos y formar una consistencia cremosa y homogénea. Puedes usarlo para darle cuerpo a tus platos sin necesidad de usar harina o maicena.
- Para hacer postres: el semolín se puede emplear para hacer bizcochos, tartas, galletas o budines dulces. También se puede usar para hacer una masa fina y crujiente que sirve de base para rellenar con crema pastelera, mermelada o chocolate.
Como ves, el semolín es un ingrediente muy versátil y práctico que puedes tener siempre en tu despensa. Además, tiene muchos beneficios nutricionales, como aportar hidratos de carbono complejos, proteínas de calidad, vitaminas del grupo B y minerales como el hierro, el fósforo o el magnesio.
¿Te animas a probar el semolín en tus recetas? Seguro que te sorprenderás con los resultados.